La velocidad de obturación es uno de los tres elementos fundamentales del triángulo de exposición. Determina durante cuánto tiempo el sensor de la cámara recibe luz y tiene una influencia directa sobre la forma en que registramos el movimiento.
Comprender cómo funciona te permitirá decidir si quieres congelar una acción, mostrar el movimiento o conseguir fotografías nítidas cuando trabajas a pulso.
¿Qué es la velocidad de obturación?
La velocidad de obturación indica el tiempo durante el cual el obturador permanece abierto para permitir que la luz llegue al sensor.
Se expresa normalmente en segundos o fracciones de segundo, como 1/1000, 1/500, 1/125, 1/30 o 1 segundo.
Una velocidad rápida deja pasar luz durante un periodo muy corto, mientras que una velocidad lenta permite que el sensor reciba luz durante más tiempo.
Velocidades rápidas
Las velocidades rápidas permiten congelar el movimiento.
Por ejemplo, velocidades como 1/500, 1/1000 o 1/2000 de segundo pueden ser útiles para fotografiar personas realizando actividades rápidas, animales, deportes, vehículos o aviones.
Cuanto más rápido sea el movimiento del sujeto, mayor será la velocidad necesaria para conseguir una imagen nítida.
Velocidades lentas
Las velocidades lentas permiten registrar el movimiento durante un periodo de tiempo más prolongado.
Pueden utilizarse para crear efectos de movimiento en agua, vehículos, personas o elementos de una escena.
Cuando utilizamos velocidades suficientemente lentas, cualquier movimiento de la cámara puede provocar trepidación y hacer que la fotografía aparezca movida.
La velocidad y la fotografía a pulso
Cuando fotografiamos sin trípode debemos prestar especial atención a la velocidad de obturación.
Si utilizamos una velocidad demasiado lenta, nuestro propio movimiento puede provocar que la imagen pierda nitidez.
La velocidad adecuada dependerá de varios factores, como la distancia focal utilizada, el movimiento del fotógrafo y el movimiento del sujeto.
Por eso, no existe una única velocidad mínima válida para todas las situaciones.
La velocidad y la exposición
La velocidad de obturación forma parte del triángulo de exposición junto con el diafragma y el ISO.
Si aumentamos la velocidad, por ejemplo pasando de 1/125 a 1/500, reducimos el tiempo durante el que entra luz y la fotografía puede quedar más oscura.
Para compensarlo podemos abrir el diafragma o aumentar el ISO.
Si utilizamos una velocidad más lenta, entra más luz y podemos cerrar el diafragma o reducir el ISO si las condiciones lo permiten.
Cómo elegir la velocidad adecuada
La velocidad debe elegirse principalmente en función del movimiento que queramos registrar.
Para un paisaje tranquilo podemos utilizar velocidades relativamente lentas si la cámara está estable.
Para una persona caminando necesitaremos una velocidad mayor si queremos evitar el movimiento.
Para deportes, animales o aves en movimiento puede ser necesario utilizar velocidades mucho más rápidas.
En fotografía aeronáutica, por ejemplo, la velocidad dependerá de si queremos congelar completamente el avión o mostrar deliberadamente el movimiento de las hélices en una aeronave.
El movimiento como recurso creativo
La velocidad lenta no siempre es un problema. También puede utilizarse de forma intencionada para crear fotografías más dinámicas.
El movimiento de una persona, el agua de una cascada, las luces de los vehículos durante la noche o el desplazamiento de las nubes pueden convertirse en elementos visuales de la fotografía.
La clave está en decidir qué queremos transmitir antes de elegir la velocidad.
Practica con diferentes velocidades
Una buena forma de aprender es fotografiar una misma escena utilizando diferentes velocidades de obturación.
Prueba primero con una velocidad rápida y después con velocidades progresivamente más lentas. Observa cómo cambia el movimiento y cómo afecta a la exposición.
Con la práctica aprenderás a elegir la velocidad de forma cada vez más intuitiva.
La velocidad de obturación no sirve únicamente para controlar la cantidad de luz. Es también una herramienta creativa que nos permite decidir cómo queremos representar el movimiento.
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